¿Qué es la verdadera santidad? Más allá de los ritos y la religiosidad católica.
¿Alguna vez te has preguntado qué significa realmente ser santo? Durante mucho tiempo, la sociedad y ciertas tradiciones nos han vendido la idea de que la santidad se alcanza acumulando méritos religiosos: asistir a ciertos rituales, repetir oraciones estructuradas, cumplir con sacramentos desde la infancia como el bautizo de niños o esforzarnos incansablemente por "ganarnos" el favor de Dios.
Sin embargo, cuando acudimos a las Escrituras y al mensaje original de los apóstoles, descubrimos una verdad absoluta: la santidad no es un trofeo que se gana con obras, sino un regalo que se recibe por la fe.
Aunque la iglesia católica venera a numerosos santos místicos, hoy puedo decir con firmeza que ese tipo de religiosidad no define la santidad real. Nos han enseñado a asociar lo santo con lo extraordinario: levitar, tener estigmas, luchar contra demonios o experimentar visiones celestiales. Sin embargo, la santidad según el Evangelio no consiste en fenómenos místicos. La verdadera santidad es simple: nace de la fe y de una vida transformada por la gracia.
Comprender esto me trae una paz inmensa, pero a la vez me hace sentir un poco engañada, porque perdí mucho tiempo creyendo en ideas que, en lugar de acercarme, me mantenían separada de Dios. Recuerdo que en años anteriores, al ver a los santos venerados por el catolicismo, sentía que jamás podría alcanzar una santidad semejante; los percibía como seres inalcanzables. Dado que la tradición solía exaltar solo a unos pocos elegidos, llegué a creer que la santidad no era para todos y me sentí completamente perdida. Esa fue, de hecho, una de las principales razones por las cuales renegué de Dios y me volví agnóstica
Sin embargo, con el tiempo descubrí una verdad liberadora: la santidad no es un privilegio reservado para unos pocos, sino una gracia destinada a toda la humanidad.
Como bien nos recuerda la Escritura: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
La santidad según la Biblia
Es muy común ver a personas que cumplen rigurosamente con rituales externos. Sin embargo, cumplir con una tradición, repetir rezo tras rezo o haber sido bautizado siendo un bebé no nos garantiza una relación viva con el Creador. La mayoría de los católicos cumplen con esta rigurosidad, pero no necesariamente optan por la santidad; es que ni ellos mismos creen que pueden llegar a ser santos. Muchos se consideran demasiado pecadores e indignos, pensando que la santidad es algo que solo se puede lograr en la eternidad. Sin embargo, esto no es cierto. La Biblia es clara cuando nos dice
Hechos 26:18
«...para que reciban, por la fe en mí, el perdón de los pecados y un lugar entre los santificados.»
(Palabras directas de Jesús a Pablo: la santificación se recibe por creer en Él).
Hebreos 10:10
«En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.»
(La obra completa fue hecha en la cruz; no la construimos nosotros con ritos diarios).
1 Corintios 1:30
«Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.»
(Jesús mismo es nuestra santidad).
La religiosidad nos enseña a enfocarnos en lo externo, en el "hacer" para intentar llegar a ser. Nos hace vivir bajo la constante culpa de sentirnos pecadores intentando pagar una deuda o haciendo sacrificios para alcanzar una pureza que, por nuestras propias fuerzas, jamás podremos lograr.
La santidad según los apóstoles: Identidad, no esfuerzo
El apóstol Pablo escribió en repetidas ocasiones a los creyentes llamándolos "santos". No los llamaba así porque fueran perfectos o porque hubieran cumplido una lista de reglas religiosas, sino por su posición en Cristo.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” — Efesios 2:8-9
La verdadera santidad funciona de adentro hacia afuera:
Eres salvo y justificado por la fe: La salvación y la santidad no se compran con obras. Al creer en el sacrificio de Jesús, su justicia se nos he dada.
Ya has sido apartado: La palabra "santo" significa literalmente apartado para Dios. No haces cosas para llegar a ser santo; porque ya eres santo por la fe, comienzas a vivir de acuerdo con esa nueva identidad.
Él nos amó primero: No vivimos en la fe bajo el peso del temor o intentando "alcanzar" una vara imposible, sino desde el agradecimiento de haber sido aceptados y amados primero por Dios, al enviar a su único hijo para el perdón de nuestros pecados.
Vivir desde la fe
La fe no es un dogma ni una serie de ritos automáticos; la fe es una relación viva, de confianza y entrega de corazón. Cuando comprendes que tu salvación y tu santidad dependen de lo que Dios ya hizo y no de lo que tú puedas acumular para impresionarlo, el peso de la religiosidad cae.
Ser santo no se trata de creernos indignos para siempre y hacer penitencias, sino de abrazar la gracia, caminar en la luz y permitir que el Espíritu moldee nuestro corazón día a día.
Ver también: ¿Qué es realmente la fe cristiana?

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