El bautismo, la sangre de cristo y el Espiritu Santo



Antes de comenzar con la explicación sobre el bautismo, quiero compartirles cómo recibí el Espíritu Santo, ya que es importante para comprender que no todos los procesos son iguales; y por esta razón no debemos juzgarnos ni satanizarnos los unos a los otros.

Yo fui bautizada en la Iglesia Católica a los 13 años. Mi mamá era una fiel católica, (y digo era porque ahorita ya no lo es tanto, ya que no va más a la iglesia, pero todavía conserva esas creencias con respecto a la virgen María y a algunos santos). Sin embargo, mi mamá era pecadora; a pesar de que oraba y su fe en Cristo y en los santos era muy grande, pecaba como todo creyente católico, y yo también pecaba. Además, tampoco tenía una fe genuina en Jesucristo, pues sabía que tenía relación con Dios solo por las películas que veía en Semana Santa.

El bautismo jamás me limpió de mi pecado como enseña la Iglesia Católica; más bien, esos pecados se intensificaban cada día, mucho más cuando conocí los 10 mandamientos. Esto me deja muy claro que el bautismo católico por sí solo no es válido, porque el agua no limpia el pecado: hace falta la fe y el derramamiento del Espíritu Santo.

Ahora bien, ¿qué pasa con todos esos bebés que son bautizados? Lamentablemente, aún no son salvos por ese acto. Esto no quiere decir que no haya bebés salvos, pues no se puede negar que allí como en cualquier otra religión, hay un pueblo creyente en Dios, un remanente; y si los padres tienen verdadera fe, esa fe, como pacto, puede cubrir a su hijo. Aunque yo soy bautista y creo firmemente que solo por creer somos salvos y bautizados, pero tampoco hay que desmeritar a los creyentes que, con su fervor, creen que su hijo puede ser salvo por pacto. Yo no los desmerito.


¿Cómo recibí el Espíritu Santo?


Además de un cuerpo físico, somos conciencia; esto es absolutamente cierto. Existe un despertar espiritual donde el Espíritu despierta en nuestro interior y comienza a mostrarnos ese mundo espiritual. Sin embargo, a veces en ese despertar transitamos por verdades a medias, y es únicamente por medio de la oración que el Espíritu nos guía verdaderamente hacia nuestro destino.

En el ámbito espiritual, el camino no es igual para todos. En mi caso, no recibí el Espíritu Santo de la misma manera que los discípulos de Jesús en el siglo I el día de Pentecostés, quienes por el hecho de creer recibieron el Espíritu.

Aunque en el Nuevo Testamento vemos que en algunas ocasiones los creyentes primero creían, eran bautizados y luego recibían el Espíritu Santo (como en Samaria), también se nos muestra el orden inverso: creían, recibían el Espíritu Santo y posteriormente se bautizaban (como en la casa de Cornelio). Queda en evidencia que Dios instituyó el bautismo en agua para incorporarnos formalmente a su Iglesia, tomando a Jesús como nuestro primogénito y ejemplo.

En mi experiencia personal, recibí primero el Espíritu Santo, el cual me llevó a conocer la verdad, incluyendo los engaños del anticristo a través del agnosticismo y la nueva era, hasta guiarme finalmente a creer en el único Hijo de Dios. Fue después de este proceso que recibí el bautismo en agua para pasar a formar parte de la Iglesia de Cristo.

El Espíritu Santo me hizo pasar por este proceso de transformación hasta llevarme a Jesús. Por eso, el lema de mi canal de Youtube resume perfectamente esta travesía:

«Busqué y encontré; al final, todo se trataba de Jesús»

En el Nuevo Testamento existen diversos pasajes en el libro de Hechos de los Apóstoles donde se relata este orden en el proceso de conversión, fe, bautismo en agua y recepción del Espíritu Santo. Aquí tienes los dos casos principales:


Creen, se bautizan y luego reciben el Espíritu Santo:

Ejemplo: Los samaritanos tras la predicación de Felipe. Ellos creyeron y se bautizaron en agua, pero fue posteriormente, cuando llegaron los apóstoles Pedro y Juan, que recibieron el Espíritu Santo mediante la oración y la imposición de manos.

Hechos 8:12, 14-17: «Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. [...] Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.»


Creen, reciben el Espíritu Santo y luego se bautizan:

Ejemplo: La casa de Cornelio (un gentil). Mientras Pedro predicaba, el Espíritu Santo cayó sobre los oyentes antes de que fueran bautizados en agua.

Hechos 10:44-48 :  «Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.»


El Espíritu, el agua y la sangre.


«Tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan en uno.»  1 Juan 5:7-8 

Significado general: En la teología bíblica, este pasaje suele interpretarse de la siguiente manera:

El Agua: Hace referencia al bautismo (iniciado con el ejemplo de Jesús en el río Jordán); a partir de allí, este bautismo iba a ser dado a todos los creyentes para limpiarnos de todo pecado haciendo referecia a su sangre.

La Sangre: Representa su sacrificio y muerte en la cruz para la redención. Por medio de su sangre recibimos el perdón de los pecados.

El Espíritu Santo: Es quien nos enseña estas cosas y nos guía a toda la verdad.

Estos tres elementos son uno y cumplen la misma función redentora: por medio del agua somos limpios, la sangre de Cristo efectúa el perdón real de los pecados, y el Espíritu Santo nos enseña estas verdades. 

Como ya mencioné, el Espíritu se puede recibir antes de creer o después de creer, tal como ocurrió al inicio de la cristiandad y como me pasó a mí.

Ahora bien, sabiendo todo esto, ¿es necesario el bautismo? Claro que el bautismo es necesario, pues es el que nos limpia y nos integra formalmente a la Iglesia de Dios.

Jesucristo, el primogenito hijo de Dios sellado por el Espíritu Santo.


Jesucristo fue el primero en recibir el Espíritu Santo en la era cristiana. A pesar de que Jesús era libre de pecado, el Espíritu Santo lo sella en ese momento como Hijo de Dios; esto era necesario para que así todos los creyentes recibiéramos el Espíritu Santo después de su muerte y resurrección.

El bautismo de Juan a Jesucristo (Mateo 3:13-17):

«Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.»

El testimonio de Juan el Bautista en el Evangelio de Juan: 

«Además Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Esto demuestra que a partir del bautismo de Jesús se dio inicio a la cristiandad, preparando el camino para que, tras su muerte y resurrección, el Espíritu Santo fuera enviado a nosotros. Al ver esto, es claro que son tres los que hacen vida en la tierra para el fundamento de la cristiandad.


La promesa del Espíritu Santo dada por Jesús.

Durante su ministerio, Jesús preparó a sus discípulos y dejó claras las promesas acerca del Espíritu Santo:

La promesa de poder antes de la Ascensión (Hechos 1:4-5, 8): Jesús les mandó no salir de Jerusalén hasta recibir la promesa del Padre, indicando que mientras Juan bautizó con agua, ellos serían bautizados con el Espíritu Santo en pocos días, recibiendo poder para ser sus testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra.

El Consolador mora en los creyentes (Juan 14:16-17): Jesús explicó que rogaría al Padre para darles otro Consolador (el Espíritu de verdad), a quien el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce, pero que vivirá con los creyentes y estará en ellos.

El maestro y recordador (Juan 14:26): Señaló que el Espíritu Santo, enviado por el Padre en su nombre, se encargaría de enseñar todas las cosas y de recordarles todo lo que Él les había dicho.

Guía a toda la verdad (Juan 16:7-14): Detalló la necesidad de su partida para que el Consolador viniera a convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio, guiándonos a toda la verdad y glorificándole a Él.

El bautismo nos hace hijos de Dios, y el primogénito es Jesucristo de Nazaret, por medio de quien se nos da el Espíritu Santo para que todo aquel que en Él cree sea adoptado como hijo de nuestro Dios Todopoderoso.

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